La vía intensiva
22/02/2009Publicado en ABCDe las Artes y las Letras
Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940) tiene en su haber una larga y variada trayectoria como poeta, a la que habría que sumar su importante labor como traductor y editor de poesía. Su obra poética se ha caracterizado siempre por la emoción y la claridad, el dominio técnico y el vuelo expresivo. Como bien señala el título, Sólo amor se centra de manera exclusiva en el tema amoroso, que es lo que da unidad al libro. En él recoge poemas escritos a lo largo de bastantes años y con muy diferentes formas y tonos. El conjunto es un auténtico cancionero amoroso, con la particularidad de que en él se exalta y se celebra, sobre todo, el amor maduro y cotidiano, el amor compartido a lo largo de una vida, desde la juventud hasta el otoño de los días, un amor que dura y permanece, pero que es siempre distinto; el único, en fin, capaz de abolir el tiempo, el espacio y las fronteras entre el tú y el yo.
El libro se abre con una «ofrenda» al amor, en agradecimiento por los muchos dones recibidos: «Este fuego se enciende / a la divinidad cuyos altares / son los cuerpos hermosos, / su liturgia el deseo, / su sacrificio el goce». Y continúa con un homenaje: «Aquella veinteañera de hace un cuarto de siglo, / [?] / es esta compañera, esposa, amada, amante, / cómplice, madre, musa y copiloto, / cuyo control remoto / anima al mundo entero a ir adelante, / que, por que vivan otros, de su vida se olvida?». De hecho, podría decirse que este libro es un intento de saldar esa gran deuda contraída con la mujer amada, la compañera constante a la que el poeta se lo debe todo, incluso el don de la poesía, pues no es tan sólo la musa inspiradora de muchos de sus poemas, sino también la que hace posible el acto creador.
«De esta vida tan sólo aprendí una cosa: aprendí a amar; y no os deseo más que otra: saber amar», proclamaba Louis Aragon. Y para ello, nos recuerda ahora Munárriz, hay dos «vías» fundamentales; de un lado, está el «camino ancho» o «vía extensiva» («Con mil cuerpos distintos, / decía Gil de Biedma, / hay que hacer el amor / para saber del tema»); de otro, está el que él mismo ha seguido: «De mil formas distintas / y con un solo cuerpo / es la vía intensiva, / es el camino estrecho / de la sabiduría». En conclusión, cabe decir que, de alguna manera, el poeta ha conseguido armonizar los dos amores de los que hablaba Pausanias en El banquete, de Platón: el de Afrodita pandémica y el de Afrodita celeste, poniendo el amor múltiple y diverso al servicio de ese amor único que resiste el paso del tiempo.
Luis García Jambrina (ABCD 22/2/09)